Que quererte como sos sea el primer acto Revolucionario.

Vivimos en una sociedad llena de estereotipos y de prejuicios sobre la imagen, la perfección del cuerpo, la delgadez y la juventud como sinónimos de belleza. Se tratan de mensajes que recibimos de los medios de comunicación y que aparecen como un único modelo de lo que deberíamos ser. Es por esto que se ha ido consolidando un culto al cuerpo en el que la búsqueda de la belleza ideal es el objetivo a conseguir. Un ideal de belleza regido por los modelos de una sociedad que muchas veces es bastante incompatible con la salud y con la realidad de la mayoría de las personas. Para adaptarnos a esto, vamos como tetris queriendo encajar en todo: nos anotamos en gimnasios, hacemos dietas, compramos productos ¨milagrosos¨, nos hacemos cirugías de todo tipo. Sin embargo, seguimos insatisfechos. ¿Sabemos por qué pasa esto? Porque no se puede remediar un problema interno con una ¨solución¨ externa, es como querer curar una herida de bala con una curita. Pero lejos de abandonar este circuito vicioso, continuamos la exigente búsqueda de la perfección que nunca llega. Esto genera frustración, hace que aumente nuestro nivel de autocrítica, disminuyendo así nuestra autoestima. La autoestima es la valoración de uno mismo. Para la psicología, se trata de la opinión emocional que los individuos tienen de sí mismos y que supera en sus causas la racionalización y la lógica.
La imagen corporal es uno de los componentes de la autoestima. Se define como la representación mental que cada persona tiene sobre su propio aspecto físico. Imagen en donde el entorno tiene una gran influencia. Recibimos mensajes de parte de la familia, los amigos, los medios de comunicación que, sumado a una visión distorsionada de uno mismo, puede hacer que conformemos una imagen corporal negativa. Muchas veces, nuestra autopercepción está distorsionada. Tendemos a exagerar el tamaño o la forma del supuesto defecto. Nos centramos de manera selectiva y obsesiva en las partes que menos nos gustan y nos olvidamos del resto. Existe una analogía que nos ayuda a entender estos errores en la percepción: la del daltónico. Una persona daltónica tiene una percepción que no coincide con la de los demás. Alguien con estas características estaría completamente convencido de que lo que ve verde es verde, aunque los demás lo veamos rojo. Si él o ella no aceptan que la percepción distorsionada es la suya, no se los podría ayudar nunca. Lo mismo sucede con la distorsión de la imagen corporal: para que sea positiva debe nacer de un trabajo interior. Una imagen corporal positiva tiene que ver con valorar al cuerpo como un instrumento de uso y no como un adorno para que otros admiren. Hay que dejar de buscar likes afuera cuando en realidad lo único que necesitamos es nuestro propio like, es amarnos y aceptarnos. Es hora de no solo reconocer que somos más que nuestra apariencia, sino también creerlo, repetirlo, escribirlo y compartirlo.
La finalidad de este giro de 180 grados es la auto aceptación incondicional. Se trata de ir desaprendiendo y eliminando de a poco capa por capa todas las etiquetas que nos fueron inculcando.

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