Ni frágiles, ni inseguras: ¿Cómo se da el Síndrome de lx Impostorx en las mujeres?

En el último tiempo se habló sobre el pedido de paridad de las juezas en las instancias superiores del poder judicial, puestos frecuentemente ocupados por hombres. Por otro lado, para el día de lxs economistas, Candelaria Botto (economista) hizo referencia al difícil acceso que tienen las mujeres en esa profesión.

Es frecuente escuchar historias de mujeres que tuvieron que esforzarse el triple que sus compañeros varones por su lugar y crecimiento laboral. Son pocas las que llegan a un lugar de poder y normalmente por el mismo puesto solemos cobrar mucho menos en relación a los hombres. Sin embargo, cuando experimentamos esa desigualdad en carne propia no lo relacionamos con los factores sociales y culturales que atraviesan la situación, sino que  pensamos que se trata de una falla propia. A pesar de tener una trayectoria, una carrera universitaria, experiencia en el tema, muchas mujeres dudamos ante exponer nuestro conocimiento, pedir un aumento o postularnos para un puesto. 

Sirve analizar la historia de las cis-mujeres para contextualizar lo que ocurre hoy en día y así comprenderlo mejor. Nuestro ingreso a la esfera laboral fue paulatino, y gracias a la lucha feminista es que logramos el derecho a estudiar y desligarnos de únicamente tener que encargarnos de las tareas de cuidado y trabajo doméstico.

Hoy en día a pesar de haber accedido a estos espacios, nuestros recorridos laborales siguen siendo en gran porcentaje dedicados a tareas de cuidado, en profesiones tales como psicología, trabajo social, enfermería, etc. 

Las mujeres realizan más del 75% de las tareas domésticas no remuneradas. El 88,9% de las mujeres participan de estas tareas y les dedican en promedio 6,4 horas diarias. Mientras tanto, sólo el 57,9% de los varones participa en estos trabajos, a los que les dedican un promedio de 3,4 horas diarias. Fuente: Argentina.gob.ar

A diferencia de los varones, tenemos aún muchos obstáculos que nos impiden el avance de una carrera profesional. Seguimos ocupando con desigualdad el rol de cuidado en nuestros hogares, lo cual influye en que poseamos un techo de cristal en cuestiones de ascenso.

Otro gran obstáculo es la violencia simbólica que sufrimos a diario, entre la cual se encuentra la hipersexualización y el mansplaining, ambos logran un desprestigio de nuestra labor, y hacen que tengamos que estar todo el tiempo demostrando por qué pensamos o trabajamos de una manera, o defendiendo que merecemos nuestro puesto.

Estos hábitos pocas veces son discutidos, y cuando se trata de grupos compuestos por mayoría varones, como suelen ser muchos de los espacios laborales, acontece la complicidad masculina, que hace referencia a aquellos participantes que no dicen nada, o hacen sentir como exagerada la reacción de la mujer. 

Estas violencias y desigualdades que vivimos a diario, generan que dudemos mucho de nosotras mismas, de nuestro trabajo y de nuestra habilidad para participar de ciertos puestos. La incapacidad de asimilar nuestros logros, la desvalorización propia, la falta de autoestima y el creer que nuestro conocimiento no es suficiente en torno a lo laboral, es comprendido como el síndrome de lx impostorx, y en el caso específico de las mujeres cis, se encuentra muy relacionado a una cultura que nos ha invisibilizado y anulado.

A lo largo de la historia ganamos el espacio de poder estudiar y ejercer una profesión que antes nos era negada, aún falta leyes que nos posibiliten derribar el techo de cristal y mayor capacitación en perspectiva de género para que se terminen estas prácticas violentas en nuestros lugares de estudio o trabajo. 

Es un proceso lento el ir desnaturalizando el contexto y luego nuestras percepciones hacia nosotras mismas. No es que somos inseguras, como si fuera algo individual o del orden de la meritocracia, sino que aún estamos en lucha, y al igual que las juezas y Candelaria que expresan las desigualdades que existen en sus profesiones, tenemos que empezar a ver qué sucede en nuestros trabajos, que violencias se ejercen y naturalizan, animarnos elevar la voz, apoyarnos entre nosotras y dejarlas en evidencia. Practiquemos la seguridad de saber que esos espacios nos corresponde y vamos a ocuparlos con igualdad.

Nota escrita por: Mora Torres Mantykow

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